Carta abierta a un político local




Esta carta va dirigida a usted, señor político local dispuesto a “proteger a su pueblo de las autocaravanas”.

La imagen de esos vehículos aparcados le perturba. Es un mundo que le resulta ajeno ¿verdad? Alguna vez se ha preguntado incluso cómo dormirán allí metidos de cualquier forma en una furgoneta ¡qué horror! son una especie de perroflautas que han venido a perturbar la paz del pueblo.

Durante mucho tiempo los ha ignorado, pero ya es la segunda vez que Juan, el dueño del Camping, ha venido a quejarse. Tiene toda la razón. Esos perroflautas aparcan donde quieren, no generan beneficio y perjudican al camping, que está perdiendo dinero. Además hay que tener contentos a los vecinos como Juan, que luego llegan las elecciones y…
Dejémonos de tonterías. Lo mejor es prohibir las autocaravanas, así que vamos a comprar unas señales y ordenaremos a la policía que mande al camping a todas las que vean. Al que no cumpla se le multa, y así, en un mes, asunto arreglado.

¿Me permite que le diga algo, señor político?

Es usted el mejor exponente de la política del clientelismo, que como bien sabemos es el germen de la corrupción. Arrastra usted lo peor de la España del siglo pasado, y su altura de miras no le da para despegar la vista de los zapatos. Usted no busca lo mejor para su pueblo ni tampoco proyectar un mejor futuro para el mismo. A usted solo le preocupa que Juan, el del Camping, esté contento y no haga ruido. Eso en el mejor de los casos; en el peor, devolverle los favores que le llevaron al sillón que ocupa. Para que no se note mucho, nada mejor que crear un problema donde no lo hay y presentarse más tarde como aquel que lo solucionó.

Si realmente fuese un servidor público trataría de informarse. No solo preguntándole a Juan, cuyo interés, evidentemente, es llenar su bolsillo al menor coste, sino procurando entender el fondo de la cuestión:

-        ¿Qué es lo que atrae a esas autocaravanas al municipio?
-        ¿Por qué aparcan precisamente ahí?
-        ¿Qué tipo de gente es la que viene?
-        ¿Puedo hacer algo para que su presencia, en lugar de un problema, sea un beneficio?
-        ¿Cómo han resuelto el caso en otros lugares?
-        ¿Hay asociaciones o alguien con quien pueda hablar para conocer la otra versión?

De hacerlo así vería mucho más allá de las exigencias de Juan, de las señales de prohibición y de la policía enfrentándose a peligrosas familias con niños.
Entendería que no son un problema, sino una oportunidad. Que lo mejor para evitar los aparcamientos incorrectos es, sencillamente, habilitar una zona destinada a ello. Que algunos de esos “perroflautas” son personas incluso de un nivel adquisitivo medio-alto. Y que con una infraestructura mínima por parte del municipio, pueden beneficiarse de un turismo desestacionalizado que genera riqueza allá donde va.

En cuanto a todos esos Juanes (muchos de ellos dueños de negocios obsoletos donde no se ha invertido desde hace lustros) en vez de quedarse en la puerta esperando a que la policía les traiga clientes por la fuerza, tal vez deberían molestarse en hacer sus negocios atractivos. Pregúntese por qué en Francia, donde hay cientos de áreas de autocaravanas con todos los servicios, los campings están llenos. La respuesta es que en vez de optar por la extorsión y el compadreo con políticos locales, han sabido orientar sus negocios y adaptarse a las oportunidades.

Le guste o no señor político, el parque de autocaravanas en toda Europa no hace más que crecer. Puede cerrar los ojos a esta realidad, verlos como enemigos y tratar de favorecer a su amigo Juan… o ser un verdadero servidor público, creando ordenanzas para que todos quepan, posibilitando que todos tengan su espacio y haciendo que todos se beneficien de manera mutua.

Levante la vista de sus zapatos y descubrirá que no son gigantes, sino molinos. Molinos muy rentables.

Antonio Arroyo