Alma de nómada



Un sueño no es lo que ves mientras duermes,
es lo que no te deja dormir.


Abdul Kalam.




- Ayer vi las fotos que colgaste de tus vacaciones. Son preciosas

- Sí, este año hemos ido con la autocaravana a Suiza

- Eso de las autocaravanas debe estar muy bien, mi sueño es comprarme una cuando me jubile y dedicarme a viajar

- ¿Cuando te jubiles? ¿Y por qué esperar tanto?

- Buf, son muy caras, además tienes que buscar sitio para guardarlas. Es un lío.

- Mira, tú y yo somos compañeros de trabajo, nuestros ingresos son prácticamente iguales ¿verdad?, sin embargo yo tengo una casa en un bosque, junto al Cañón de Río lobos. Voy allí a menudo.

- ¿En serio?

- Sí, y tengo otra en una pequeña cala en Portugal ¡deberías verla! por las tardes nos sentamos a ver cómo se pone el sol bajo un cielo rojo como el fuego. Luego cenamos y antes de dormir damos un paseo por la playa viendo las estrellas. También tenemos otra en los Pirineos, y una en Posada de Valdeón, y otra en Soria junto al Duero. Ah, me olvidaba la de las Landas, nos encanta dar paseos en bicicleta.

¿Sabes? Una vez leí que el ser humano ha sido durante más tiempo nómada que sedentario. En la prehistoria nuestros antepasados conquistaron el mundo por su impulso de desplazarse y vivir viajando. Luego llegó la agricultura, y la ganadería, y el hombre se hizo sedentario. Me gusta pensar que aún tenemos algo en nuestros genes de aquellos hombres primitivos, algo que nos empuja a viajar, a disfrutar despertándonos cada día en un lugar diferente.

- Pero para eso hay que tener tiempo. Por eso digo que cuando me jubile…

- ¿Tiempo?

Una de las grandes ilusiones del ser humano es controlar el tiempo, contarlo, planificarlo… pretendemos aplicar reglas matemáticas a la vida, como si la salud, el ánimo o nuestra naturaleza finita permitiesen tal cosa. Cada día que pasa y aplazamos nuestros sueños nos alejamos de ellos. Cada amanecer que nos perdemos no vuelve a repetirse. Cada viaje, cada aventura, cada experiencia… o se vive o se desaprovecha.

La vida no tiene marcha atrás. Puede haber sueños imposibles pero, a veces, cumplir un sueño es tan simple como dejar de aplazarlo y tener el coraje de ir a por él. Es cuestión de prioridades, de dedicar nuestros recursos a aquello que nos hace felices, de disfrutar nuestro tiempo en lugar de planificarlo.

Mi gran amigo Juan murió con solo 23 años, con toda la vida por delante. Yo he tenido el privilegio de vivir ya el doble que él, y no me permito la estupidez de pensar que la vida tiene horario de cierre y fecha de caducidad, que está en mi mano saber dónde está el límite para empezar a cumplir mis sueños o hasta cuándo retrasarlos.

Alguien dijo que la vida nos crea la ilusión de que todo es estable, pero cada cierto tiempo nos demuestra que es un cambio continuo. Nuestra salud, las personas que queremos, las circunstancias que nos rodean, son reflejo del aquí y el ahora. Por eso querido amigo, te aconsejo de corazón que no esperes a que sea tarde. Busca tu autocaravana, renuncia si es necesario a otras cosas y disfruta con tu familia viviendo vuestro momento.

Si lo haces, algún día mirarás atrás con una sonrisa y verás que mereció la pena.


© Antonio Arroyo